El proyecto es una realidad gracias al esfuerzo de la asociación y de entidades como Bienestar Social, Caja Navarra y Traperos de Emaús

C.B.
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Pamplona
El mayor lujo para los inquilinos de la vivienda es la posibilidad de poder contar con ella. Entre otras ventajas, su ubicación en el Segundo Ensanche de Pamplona facilita el acceso a los recursos comunitarios y a los servicios asistenciales de la ciudad. Sus 100 metros cuadrados se distribuyen en tres habitaciones (una de ellas doble), cocina, baño, sala de estar y una espaciosa terraza que da a un patio interior.
La escasez de recursos con los que cuenta una asociación como Shalaketa, obligó a sus responsables "a decorarla con cariño, pero contando hasta la última peseta", explica María Sáenz. El mobiliario de las habitaciones (somieres, colchones y armarios) son nuevos, "aunque casi se puede decir que adquiridos al estilo Todo a 100". Además de eso, "compramos una vajilla sencilla, que ellos tienen que fregar a mano porque aquí no hay lavavajillas y para de contar". El resto "lo hemos ido trayendo los miembros de la asociación gracias a la ayuda de amigos y de familiares".
María Sáenz quiere agradecer también la colaboración de Traperos de Emaús, "que nos donaron el frigorífico, la lavadora y la cocina eléctrica" y, "por supuesto", la de "Bienestar Social y Caja Navarra", que se hacen cargo del importe del alquiler de la vivienda.
La asociación cuenta con un presupuesto que roda los 24.000 euros (unos cuatro millones de pesetas). La responsable del proyecto explica que "hemos solicitado un aumento de la dotación. Ese dinero se destina a la vivienda, mi sueldo, y el del abogado de Shalaketa". Tal ha sido el esfuerzo presupuestario, que Shalaketa se ha quedado este año sin poder organizar sus habituales jornadas sobre temas referentes a la población penitenciaria.
Desde su puesta en marcha, hace ahora un año y cuatro meses, han pasado por el piso cuatro personas, todas ellas varones, y con una media de edad de 35 años. Tres de ellos tenían problemas de drogodependencia. Además, 19 personas han pasado por la fase previa de admisión. De ellas, cuatro no acudieron a la primera entrevista y seis fueron sólo a la primera y no mostraron interés por el piso. De las diez restantes, cuatro han sido alta y una está en proceso de admisión.
En principio, el tiempo máximo de estancia en el inmueble es de un año, si bien "este periodo puede ampliarse en casos en los que la evolución del residente lo requiera". María Sáenz reconoce además que, como lugar de paso, "la vivienda no termina nunca de ser lo que se conoce como un hogar", aunque "es lo más paracido al mismo para quienes no tienen nada al salir de prisión". Sin embargo, "ellos también podrían hacer algo más para que esto sea más suyo, porque a lo más que han llegado es a colocar algún poster en las habitaciones. Lo curioso es que las estancias comunes, como el salón, se mentienen neutras; son de todos y nadie coloca cosas". A corto plazo su mayor preocupación es arreglar el baño. A pesar de que fue saneado en su totalidad, la humedad ha desprendido parte del techo.
Objetivos cumplidos
Por último y a modo de resumen, María Sáenz destaca los logros obtenidos a lo largo del tiempo que este proyecto lleva en funcionamiento. Según se destaca en la memoria de Shalaketa, se concretan en: "La facilitación de un domicilio adecuado y un programa de inserción comunitaria; la ausencia de delitos cometidos por las personas usuarias de nuestro servicio; el manteniemiento de la abstinencia del consumo de tóxicos de los usuarios, en coordinación con los servicios de la red sanitaria; la regularización de las personas usuarias con los papeles en regla; las tramitaciones para los usuarios de las ayudas necesarias para la subsistencia económica y los objetivos psico-educativos e insertadorees individualizados de los usuarios en proceso de logro".
Artículo en http://www.noticiasdenavarra.com/ediciones/20031221/navarra/d21nav0707.php Diario de Noticias, Domingo 21 de Diciembre de 2003 Nº 2720
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